Tuesday, December 16, 2008

Mi vida en cajas


Ya está hecho. He empezado a hacer la mudanza y de momento toca llenar cajas. De paso hemos hecho limpieza, porque hay que ver la cantidad de trastos inservibles que se pueden llegar a acumular.
Ahora están almacenadas por todos los rincones y, la verdad, cada vez que las veo se me encoge un poco el corazón. Me voy a mi casa, propia, sí, pero... hemos sido tan felices aquí, que no puedo evitar que me produzca una profunda pena dejar este piso. Ya no oiré la radio de mi vecina como si la tuviera pegada a la oreja, ni el ruido de la máquina de café del bar de abajo justo cuando me despierto, como el mínimo traqueteo de un tren lejano. No retemblarán los cristales de la ventana cada vez que se detenga el 22 en el semáforo ni recogeré trocitos de sandía y huesos de pollo de la terraza. Ni siquiera tendré que apagar el ordenador para encender el horno.
Y aún así, sé que la echaré de menos y que, cuando pase por la calle, levantaré la vista y diré: " Ese fue nuestro primer hogar".

2 comments:

Pat Rizia said...

ay, tu primer Manderley, qué bonito, da un poco de pena,yo he sido muy feliz y he comido muy bien en el 14 de Santader Strasse. Besos mil, Rachelin

Maritere said...

Te comprendo muy bien, nosotros estuvimos en el mismo caso hace ahora casi tres años.

Pero lo de las pipas de sandía y los huesos, desde luego no lo echarás de menos.

Espero que tus nuevos vecinos sean majos.

Muchos besos!!